PAZ Y BIEN

                                       

 

 

CAMINO HACIA EL BICENTENARIO

 

 Memoria  - Identidad -  Pertenencia  -  Misión.

           

     Sin conciencia histórica hay siempre algo frágil en una misión. El Bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Independencia Nacional, nos ofrecen la posibilidad de llegar, mediante un retorno a la memoria, a la conciencia más viva de la propia identidad. Recordemos que el olvido es la tumba de la memoria.

            Al comenzar el nuevo Milenio los obispos afirmaron: “Creemos que nuestra Patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, un regalo de amor que debemos cuidar y mejorar (…). En tiempos marcados por la globalización, no debe debilitarse la voluntad de ser una nación, una familia fiel a su historia, a su identidad y a sus valores humanos y cristianos (1)

     Los argentinos generalmente no estamos muy familiarizados con nuestras propias raíces y los católicos no somos ajenos a esta situación. (2)

     A la falta de memoria le debemos sumar un clima cultural de relativismo, que también afecta a la verdad histórica, ya que “a medida que la humanidad se interna en la era del entretenimiento, la verdad se vuelve un valor cada vez más relativo. Parecería que si lo que nos cuentan es suficientemente divertido, somos capaces de disculpar la falta de rigor y el desapego a los hechos como si se tratase de cuestiones irrelevantes”. (3).

     Debemos comprender que la manipulación de la memoria nunca es inocente, más bien es deshonesta, especialmente cuando al hacer memoria lo hacemos de forma selectiva., pues quien controla el pasado, controla el presente, y quien controla el presente, controla el pasado, y de esto los argentinos tenemos experiencia.    

Es importante recordar que “la primera ley de la historia es no atreverse a decir nada falso; la otra, no ocultar nada verdadero, evitando toda sospecha de benevolencia o enemistad” (Cicerón).

      El recuperar la memoria no es una cuestión académica. Somos personas históricas. Vivimos en el tiempo y en el espacio. Cada generación necesita de las anteriores y se debe a las que siguen; cada etapa de la historia es tributaria de la anterior y responsable de la siguiente. “Condenar el pasado al olvido no sólo es privar del sentido al presente, sino despojar a la vida de la trascendencia que adquiere cuando advertimos que, sobre todo, es creación del futuro” (Guillermo Jaime Etcheverry)

     “Estamos viviendo una situación en que necesitamos de mucha memoria. Recordar, traer a nuestro corazón la gran reserva espiritual de nuestro pueblo, la que le fue anunciada en los momentos de la evangelización y que selló en su corazón sencillo la Verdad de que Jesús está vivo.  Traer la hermandad que Él nos ganó con su sangre”. (4)

      La Patria debe ser familia y la memoria en Ella es potencia unitiva e integradora, como lo es para todo pueblo. También lo es para la Iglesia, familia de Dios que se nutre del memorial de la muerte y resurrección del Señor: “Hagan esto en memoria mía”.

     La memoria viene a ser el núcleo vital de una familia, nuestras raíces como familia son vitales para nuestra salud psíquica y afectiva. Una familia sin memoria no merece el nombre de tal, se desintegra. Un pueblo sin memoria también se desintegra, y la Patria se hace familia porque tenemos una historia en común.

     Esto también lo podemos decir de la Iglesia, la falta de memoria nos afecta como Pueblo de Dios.

     La falta de memoria nos trae una serie de dificultades que terminan enfermándonos y neutralizan nuestras capacidades para la misión, para generar un proyecto de País donde nadie sea excluido.

     La Patria y la Iglesia como sociedades también se fragmentan, se atomizan a causa de la discontinuidad, se suele pensar que la historia comienza conmigo, generándose un déficit de tradición a causa de un déficit de memoria que une el pasado con el presente y este con el futuro.

     Surge también el sentimiento de orfandad pues no me siento parte de una familia que tiene un pasado que fortalece al presente y me impulsa a la misión, al trabajo.

     No es posible la evangelización sin el sentido de pertenencia a la Iglesia, no es posible construir un país sin fuertes certezas que se nutren de nuestras raíces;  si no se quien soy,  de donde vengo no podré asumir mi responsabilidad como argentino, como cristiano pues mi presente será débil.

     Nos debemos proponer, como itinerario formativo, recuperar la memoria como Patria, como Iglesia y lo que esta última le aportó en su nacimiento, solo así podremos  prepararnos para celebrar el bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Independencia Nacional.

    Creo que nos debe preocupar especialmente las nuevas generaciones ya que “una generación sin historia es por sí misma sin futuro” (Pablo VI).

     Es imperioso volver “al núcleo histórico de nuestros comienzos, no para ejercitar nostalgias formales sino buscando las huellas de la esperanza.  Hacemos memoria del camino andado para abrir espacios de futuro.  Como nos enseña nuestra fe: de la memoria de la plenitud se hace posible vislumbrar los nuevos caminos [....]. La memoria conlleva siempre la dimensión de promesa que la proyecta hacia el futuro.

     Cuando, en el presente, hacemos memoria, entonces afirmamos  lo real de nuestra pertenencia a un pueblo que camina y  -a la vez- la proyección hacia adelante  de ese camino” (5). Solo de esta manera el caminar se hace misión, evangelización, se hace proyecto de una Patria que quiere ser familia.

     Quiera Dios podamos “recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza hacia el futuro” (Juan Pablo II).

     María hacía memoria recurriendo a todo lo que guardaba en su maternal corazón.

     Que Ntra. Sra. de Luján  acompañe  y bendiga nuestros trabajos, en este camino hacia el Bicentenario.

 

G. in D.

Mons. Roberto Juan González Raeta.

                                                                      

 

NOTAS

              1- C.E.A. “Jesucristo Señor de la historia”

        2 – Cfr. Juan Pablo II, Discurso a los obispos del CELAM, 12-X-1984.

  3 – M. Diament, “La Nación”, 4-I-2006.

  4 – Mon. Bergoglio, 15-IV-2001.

  5 – Ibid. “VIII Jornada de Pastoral Social”, pág. 13.